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Cuando todo esto pase (reflexiones durante la cuarentena)

 
Por Patricia Fernández Lorenzo
Cuando todo esto pase con un poco de suerte algo quedará de nosotros como especie. Espero que sea algo, no mucho. Las cosas que merece la pena conservar ya están brotando con la primavera, tímidamente o por oleadas. Volvemos a movernos más lentamente, a saborear la falta de preestablecidos q se sucedan precipitándose en nuestras vidas, a disfrutar de las salidas a la compra como agua de mayo, lo cotidiano.
Repetimos aplausos desde los balcones, mientras escribo estas palabras está ocurriendo.  Se abren las ventanas a la vez y acordamos actuar de esta manera tan singular que no dejaría indiferente a ningún extraterrestre que se asome al planeta.  Mientras aplaudimos algo se serena en el interior de cada una de las almas encerradas en sus propias urnas.
Brota la generosidad, el compartir saberes y cuidados. La tecnología nos acerca más q nos distancia. Antes, cuando nos tocábamos, solíamos estar en tantas partes a la vez que no estábamos en ninguna. Ahora es algo mas difícil huir de las 24 horas de encierro en muchos casos. Nos vemos para bien y para mal. Nos rozamos compartiendo nuestras heridas emocionales y sanándolas a fuerza de hacerles frente.
La tierra nos va poniendo en nuestro lugar. Aquel que no debimos haber abandonado buscando ocuparlo todo.  Tal vez por miedo, sí. Pero al menos esta vez el enemigo no es uno de nosotros. Su carácter silencioso e invisible hace que volvamos a tomar conciencia de nuestros movimientos sutiles. Como mandan los preceptos de la atención plena, con la q llevabamos tiempo flirteando con mas o menos éxito. 
Hoy me siento optimista, me sentó bien pasear lentamente hasta la farmacia mas lejana en la ciudad desierta. Veo familias reduciendo en gasto en falsas necesidades, en ritmo trepidante hacia experiencias que prometen ser importantes para quién sabe qué cosas. Veo todo del color de las ventajas.
O casi todo. Aun me preocupa el nacer y el morir.  Ahora, desde tiempos y cuando todo esto pase. La forma en que vivimos las dos transiciones vitales no está entre nuestras virtudes. ¿Podremos llevar esta atemporalidad al parto?  ¿podremos mirar a los ojos? ¿estar para el otro?  ¿el bebé q llega, la madre q lo trae y emerge con él en su nueva identidad?, ¿aquellos que se van?  ¿Podremos tomar conciencia de lo que supone para bebés, madres y moribundos sus propias experiencias? ¿y para los q los acompañan en el nacer y en el morir?
Tal vez el ingenio q derrochamos para tantas otras cosas pueda preservarse y redirigirse hacia lo verdaderamente humano. Tal vez conservemos la compasión que aún palpita, y lo que es más importante, tal vez  la alimentemos y le saquemos brillo.
 
Escrito el 6 de abril de 2020